20 de diciembre, 2018

La recuperación rápida proyectada por el FMI está lejos de cumplirse

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Washington, DC ― Un nuevo informe del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR, por sus siglas en inglés) examina el programa del FMI de Argentina que se aprobó en junio y se revisó en octubre; y encuentra señales inminentes de alarma. El informe del economista y codirector de CEPR, Mark Weisbrot, y de la economista, Lara Merling, concluyen que es improbable el éxito de los planes del FMI para “restablecer la confianza del mercado” basados en la austeridad fiscal y monetaria.

“En octubre, el FMI y el Gobierno argentino decidieron duplicar la reducción del déficit e implementar una política monetaria más estricta, después de un desempeño de la economía mucho peor de lo que habían pronosticado en junio”, dijo Weisbrot. “Sin embargo, tal vez deberían echar otro vistazo a lo que salió mal”.

El FMI, luego de alcanzar un acuerdo de préstamo de $50 mil millones con Argentina en medio de una crisis financiera en junio, predijo que la economía se recuperaría rápidamente y mostraría un crecimiento positivo (0,4 por ciento) para este año y el próximo (1,5 por ciento). Cuatro meses después, el FMI pronosticó un crecimiento negativo de 2,8 por ciento para 2018, mientras que para el próximo año también un crecimiento negativo del 1,7 por ciento. Los errores en los pronósticos para ambos años fueron muy grandes, de un 3,2 por ciento del PIB.

Los pronósticos de la inflación, tasas de interés y la relación deuda/PIB han sido revisados por el FMI de manera similar, para luego reflejar una situación mucho peor de cara al futuro.

“El problema es que la ‘austeridad expansiva’ no funciona”, dijo Weisbrot. “El programa del FMI se centra en ‘generar confianza en el mercado’, pero las recesiones generalmente no generan tal confianza. Y no existe discrepancia en la postura de que las políticas que Argentina está implementando en el marco del programa están afectando negativamente a su economía”.

El FMI ahora espera que la economía comience a recuperarse en el segundo trimestre del próximo año, pero los autores encuentran que esto puede ser nuevamente demasiado optimista. La recuperación del próximo año se basa completamente en el crecimiento de las exportaciones netas, según las previsiones del FMI; pero los autores señalan que, en la actualidad, existen muchos riesgos a la baja para la economía global, incluidos los aumentos continuos de las tasas de interés de la Reserva Federal estadounidense, las fricciones comerciales entre EEUU y China y la volatilidad de los mercados financieros.

El Acuerdo Stand-By (o Acuerdo de Derechos de Giro) y la revisión de octubre del FMI enfatizan que uno de los principales objetivos del programa es “proteger a la población más vulnerable de Argentina a medida que avancen las reformas económicas”.

Pero los autores argumentan:

dada la pérdida de ingresos durante la recesión y la presión para que los recortes de gastos cumplan con los objetivos presupuestarios principales del programa, es casi seguro que esto no sucederá. Habrá más sufrimiento y dificultades para millones de argentinos a medida que el desempleo y la pobreza aumenten con la recesión. Si el Gobierno se atiene a los objetivos del programa o los intensifica (como hizo en octubre), existe el riesgo de una recesión prolongada…

El informe señala:

El Gobierno cometió una serie de errores que contribuyeron a la crisis. El primero fue la rápida acumulación de la deuda en moneda extranjera, que aumentó del 35 por ciento del PIB en enero de 2016, un mes después de que el presidente Macri asumiera el cargo, a más del 60 por ciento del PIB en abril de este año, justo antes de que estallara la crisis financiera. Luego, cuando llegó la crisis, el Gobierno gastó alrededor de $16 mil millones para apuntalar el peso, el que perdió alrededor del 52,3 por ciento de su valor frente al dólar para el 28 de septiembre.

Weisbrot señaló que el FMI podría haber desempeñado un papel de apoyo como prestamista de último recurso para Argentina, en caso hubiera actuado de manera oportuna cuando el país enfrentaba la crisis financiera de mayo pasado.

“Pero al tratar de bajar la inflación y el déficit de la cuenta corriente al reducir la economía, el acuerdo con el FMI ha introducido un nuevo conjunto de riesgos, desequilibrios y penurias”, apunta Weisbrot.

Notar que ayer el FMI publicó su segunda revisión del Acuerdo Stand-By. Las proyecciones son en su mayoría las mismas o similares a las de la primera revisión (octubre) analizada en este informe. Sin embargo, una excepción fue la referida a la proyección del saldo de la cuenta corriente. Para 2018, el crecimiento de las exportaciones se revisó a la baja, de 5,9 por ciento a -0,6 por ciento; y el crecimiento de las importaciones, de -17,8 a -6,4 por ciento. Para 2019, el crecimiento de las exportaciones se revisó al alza, de 7,7 por ciento a 12,7 por ciento. El saldo de la cuenta corriente se proyectó en -5,2 por ciento para 2018, una caída de -4,2 por ciento respecto a la primera revisión.

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