Mark Weisbrot
Fortune, 9 de marzo, 2015

En inglés

La victoria electoral de Syriza en Grecia el 25 de enero marcó la entrada del primer gobierno elegido con un mandato fuerte para decir no a los líderes europeos que llevan intentando rehacer Europa al menos desde el 2010. Aunque muchos pensaban que era imposible que un país pequeño, que representa tan sólo 2 por ciento de la producción económica de las 19 naciones que conforman la eurozona, cambiase el curso de la historia europea, ya está sucediendo. El viernes, 20 de febrero, los líderes europeos dieron marcha atrás a las amenazas y ataques contra el sistema financiero griego, que ya habían causado la huida de 13.000 millones de dólares en depósitos durante el mes de enero. Por primera vez, desde que comenzaron las políticas de austeridad posterior a la crisis de Europa, aceptaron que las condiciones de financiación griega podrían renegociarse. El lunes 9 de marzo, se espera que los líderes presenten sus propuestas a los ministros de economía de la eurozona. Si estas se rechazan, Grecia está considerando la posibilidad de convocar a nuevas elecciones o a un referéndum sobre su acuerdo con los prestamistas.

Se trata de un hito en el camino hacia una renovación civilizada en el resto de la eurozona. El segundo país más afectado, con un 23,7 por ciento de desempleo, es España. Tras años de un desempleo masivo y “reformas” que han quebrado los servicios públicos, las pensiones, así como los derechos laborales y civiles, en España ha surgido una rebeldía política que promete llevar al poder al siguiente gobierno alternativo democrático.

La nueva alternativa política es un partido llamado Podemos que fue creado en enero de 2014 y que en un período de cuatro meses sorprendió a todos al obtener un 8 por ciento de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo. Las organizaciones que habían presidido hasta la fecha el sistema bipartidista de España, el PSOE (Partido Socialista Obrero Español, de centroizquierda) y el PP (Partido Popular, de centroderecha), consiguieron menos de la mitad de los votos en comparación con el 81 por ciento en las elecciones anteriores (2009). En noviembre del año pasado, Podemos lideraba al resto de partidos en las encuestas. Supuso un cambio político descomunal. Para establecer una comparación, imagínese un tercer partido en los Estados Unidos adelantando a Republicanos y Demócratas en menos de un año después de su fundación.

Un movimiento social grande y dinámico conocido como los indignados, o 15M, había allanado el camino para esta revuelta electoral con manifestaciones callejeras enormes y organizaciones locales en contra de los abusos de las políticas de austeridad, ganando un amplio apoyo popular. Del mismo modo que el movimiento Occupy (Ocupa) en los Estados Unidos puso la desigualdad en la agenda política nacional (incluso Jeb Bush habla de ello) por primera vez desde hace décadas, el 15M cambió el debate político en España, sólo que en una mayor escala. La persona que es actualmente el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, también llegó a millones de personas en los últimos años en programas de televisión, debatiendo habilidosamente con rivales del poder establecido. Una serie de escándalos de corrupción que implicaban al Gobierno actual creó en la opinión pública el deseo de algo limpio y transparente. Iglesias es un profesor de Ciencia Política de 36 años que habla elocuentemente acerca del necesario reclamo por una democracia en España.

El partido en el poder (PP) tiene sus raíces en la dictadura fascista que gobernó España durante casi cuatro décadas hasta 1975 e intenta contrarrestar el nuevo desafío, sosteniendo que España ha vuelto al crecimiento y que sus medidas funcionan, sin embargo es improbable que influya en muchos votantes. La economía española creció solamente un 1,4 por ciento en 2014, y el desempleo actual del 23,7 por ciento no está tan lejos de su máximo nivel de 26,3 por ciento de hace dos años, y el desempleo juvenil es más del doble que la tasa general. El desempleo es la problemática fundamental siendo que hay pruebas de los efectos que puede generar a largo plazo más allá de una caída en los ingresos como los daños en la salud física y mental, las tasas de suicidio, la esperanza de vida y el bienestar de los hijos de los desempleados. 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) predice que el desempleo seguirá siendo de 18,5 por ciento en 2019. Esto es suponiendo que todo marche de acuerdo con el plan y haciendo caso omiso a que los pronósticos del FMI tienden a ser demasiado optimistas en los últimos años. Sin embargo, lo más escandaloso de esta predicción es que el FMI también pronostica que la economía española en 2019 estará muy cerca del pleno empleo. En otras palabras, el FMI – y por ende las autoridades europeas— dice que una cifra cerca al 18 por ciento es básicamente pleno empleo para España. Los líderes europeos le dicen a los ciudadanos españoles que el país no tiene mucho futuro, especialmente para los jóvenes.

Podemos promete un futuro mejor rechazando la austeridad fiscal que arruinó a España. Sus propuestas de rebajar la edad de jubilación y reducir la semana laboral también ayudarían a que surgiesen trabajos para los desempleados. En un país donde se han producido cientos de miles de desahuciados y donde, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, la gente tiene que seguir pagando las hipotecas incluso tras perder sus viviendas, Podemos también propone reformas para el sector inmobiliario. Además, quiere que el Banco Central Europeo, la autoridad decisoria más importante de la eurozona, sea responsable ante el Parlamento Europeo, así como cambiar su función con vistas a habilitarlo para fomentar el pleno empleo.

Una consulta durante el 2009 entre el FMI y el Gobierno español afirmó que la “evidencia empírica también sugiere que las recuperaciones de las crisis económicas sirven a menudo de oportunidad para una reforma”. El tipo de “reformas” a las que se referían eran aquellas que el Gobierno español actual ha llevado a cabo o intentó poner en práctica: recortar las pensiones, debilitar la capacidad de negociación de los trabajadores reduciendo sus derechos, recortar los servicios públicos. Esta ha sido la agenda de la troika — la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI— durante los últimos cinco años en la eurozona. Syriza ha exigido que se ponga fin a este tormento y ahora Podemos ha ascendido más rápido incluso que Syriza para unírsele. Este es el verdadero perfil de la democracia; ni siquiera la estructura rígida y carente de responsabilidad de la eurozona podrá frenar su expansión.




Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research, en Washington, D.C. (www.cepr.net). También es presidente de la organización de política exterior, Just Foreign Policy (www.justforeignpolicy.org).

 

La victoria electoral de Syriza en Grecia el 25 de enero marcó la entrada del primer gobierno elegido con un mandato fuerte para decir no a los líderes europeos que llevan intentando rehacer Europa al menos desde el 2010. Aunque muchos pensaban que era imposible que un país pequeño, que representa tan sólo 2 por ciento de la producción económica de las 19 naciones que conforman la eurozona, cambiase el curso de la historia europea, ya está sucediendo. El viernes, 20 de febrero, los líderes europeos dieron marcha atrás a las amenazas y ataques contra el sistema financiero griego, que ya habían causado la huida de 13.000 millones de dólares en depósitos durante el mes de enero. Por primera vez, desde que comenzaron las políticas de austeridad posterior a la crisis de Europa, aceptaron que las condiciones de financiación griega podrían renegociarse. El lunes 9 de marzo, se espera que los líderes presenten sus propuestas a los ministros de economía de la eurozona. Si estas se rechazan, Grecia está considerando la posibilidad de convocar a nuevas elecciones o a un referéndum sobre su acuerdo con los prestamistas.

Se trata de un hito en el camino hacia una renovación civilizada en el resto de la eurozona. El segundo país más afectado, con un 23,7 % de desempleo, es España. Tras años de un desempleo masivo y “reformas” que han quebrado los servicios públicos, las pensiones, así como los derechos laborales y civiles, en España ha surgido una rebeldía política que promete llevar al poder al siguiente gobierno alternativo democrático.

La nueva alternativa política es un partido llamado Podemos que fue creado en enero de 2014 y que en un período de cuatro meses sorprendió a todos al obtener un 8 por ciento de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo. Las organizaciones que habían presidido hasta la fecha el sistema bipartidista de España, el PSOE (Partido Socialista Obrero Español, de centroizquierda) y el PP (Partido Popular, de centroderecha), consiguieron menos de la mitad de los votos en comparación con el 81 por ciento en las elecciones anteriores (2009). En noviembre del año pasado, Podemos lideraba al resto de partidos en las encuestas. Supuso un cambio político descomunal. Para establecer una comparación, imagínese un tercer partido en los Estados Unidos adelantando a Republicanos y Demócratas en menos de un año después de su fundación.

Un movimiento social grande y dinámico conocido como los indignados, o 15M, había allanado el camino para esta revuelta electoral con manifestaciones callejeras enormes y organizaciones locales en contra de los abusos de las políticas de austeridad, ganando un amplio apoyo popular. Del mismo modo que el movimiento Occupy (Ocupa) en los Estados Unidos puso la desigualdad en la agenda política nacional (incluso Jeb Bush habla de ello) por primera vez desde hace décadas, el 15M cambió el debate político en España, sólo que en una mayor escala. La persona que es actualmente el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, también llegó a millones de personas en los últimos años en programas de televisión, debatiendo habilidosamente con rivales del poder establecido. Una serie de escándalos de corrupción que implicaban al Gobierno actual creó en la opinión pública el deseo de algo limpio y transparente. Iglesias es un profesor de Ciencia Política de 36 años que habla elocuentemente acerca del necesario reclamo por una democracia en España.

El partido en el poder (PP) tiene sus raíces en la dictadura fascista que gobernó España durante casi cuatro décadas hasta 1975 e intenta contrarrestar el nuevo desafío, sosteniendo que España ha vuelto al crecimiento y que sus medidas funcionan, sin embargo es improbable que influya en muchos votantes. La economía española creció solamente un 1,4 por ciento en 2014, y el desempleo actual del 23,7 por ciento no está tan lejos de su máximo nivel de 26,3 por ciento de hace dos años, y el desempleo juvenil es más del doble que la tasa general. El desempleo es la problemática fundamental siendo que hay pruebas de los efectos que puede generar a largo plazo más allá de una caída en los ingresos como los daños en la salud física y mental, las tasas de suicidio, la esperanza de vida y el bienestar de los hijos de los desempleados. 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) predice que el desempleo seguirá siendo de 18,5 por ciento en 2019. Esto es suponiendo que todo marche de acuerdo con el plan y haciendo caso omiso a que los pronósticos del FMI tienden a ser demasiado optimistas en los últimos años. Sin embargo, lo más escandaloso de esta predicción es que el FMI también pronostica que la economía española en 2019 estará muy cerca del pleno empleo. En otras palabras, el FMI – y por ende las autoridades europeas— dice que una cifra cerca al 18 por ciento es básicamente pleno empleo para España. Los líderes europeos le dicen a los ciudadanos españoles que el país no tiene mucho futuro, especialmente para los jóvenes.

Podemos promete un futuro mejor rechazando la austeridad fiscal que arruinó a España. Sus propuestas de rebajar la edad de jubilación y reducir la semana laboral también ayudarían a que surgiesen trabajos para los desempleados. En un país donde se han producido cientos de miles de desahuciados y donde, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, la gente tiene que seguir pagando las hipotecas incluso tras perder sus viviendas, Podemos también propone reformas para el sector inmobiliario. Además, quiere que el Banco Central Europeo, la autoridad decisoria más importante de la eurozona, sea responsable ante el Parlamento Europeo, así como cambiar su función con vistas a habilitarlo para fomentar el pleno empleo.

Una consulta durante el 2009 entre el FMI y el Gobierno español afirmó que la “evidencia empírica también sugiere que las recuperaciones de las crisis económicas sirven a menudo de oportunidad para una reforma”. El tipo de “reformas” a las que se referían eran aquellas que el Gobierno español actual ha llevado a cabo o intentó poner en práctica: recortar las pensiones, debilitar la capacidad de negociación de los trabajadores reduciendo sus derechos, recortar los servicios públicos. Esta ha sido la agenda de la troika — la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI— durante los últimos cinco años en la eurozona. Syriza ha exigido que se ponga fin a este tormento y ahora Podemos ha ascendido más rápido incluso que Syriza para unírsele. Este es el verdadero perfil de la democracia; ni siquiera la estructura rígida y carente de responsabilidad de la eurozona podrá frenar su expansión.