Mark Weisbrot
Folha de São Paulo, 3 de diciembre, 2015

Huffington Post, 6 de diciembre, 2015
Truth Out, 5 de diciembre, 2015
Huffington Post Voces, 4 de diciembre, 2015
Common Dreams, 4 de diciembre, 2015
Viomundo, 3 de diciembre, 2015

Ver el artículo original.

In English
Em Português

Estados Unidos ha intentado deshacerse del gobierno venezolano desde hace más de 13 años, si asumimos el fallido golpe militar del año 2002 como punto de partida. El Departamento de Estado de los Estados Unidos reconoció que la Casa Blanca "brindó entrenamiento, desarrollo institucional y otros tipos de apoyo a las personas y organizaciones que se considera estuvieron implicadas activamente" en el golpe de Estado. Además intensificó el financiamiento a los grupos de la oposición, tras el colapso del gobierno golpista. Desde 2004, Estados Unidos también ha apoyado un cambio de régimen por la vía electoral, pero la oposición venezolana nunca pudo ganar una elección nacional.

El ejecutivo en Washington tiene ahora muchas expectativas en las elecciones parlamentarias de Venezuela que tendrán lugar este 6 de diciembre, con el país en recesión económica y luchando contra la escasez y altos niveles de inflación. Como es usual, el gobierno de Estados Unidos y sus aliados — en los medios, ONG, e incluso las agencias estadounidenses encargadas del orden público-- han estado desarrollando fuertes campañas.

Pero algo más siniestro aún está ocurriendo aquí: Si bien la oposición venezolana lidera las encuestas nacionales, muy probablemente no le vaya tan bien como parecerían indicar las encuestas, a la hora de conseguir escaños en la Asamblea. Esto se debe principalmente a que la legislatura unicameral de Venezuela les da a los estados pequeños una representación más que proporcional. No tan desproporcionada como en los sistemas de Estados Unidos o Brasil --que cuentan con Cámara de Senadores independiente--pero significativa en todo caso. Además, el partido de gobierno (PSUV) tiene millones de miembros y antecedentes de gran asistencia de sus votantes a las urnas, mientras que la oposición no tiene nada comparable.

Como los medios han puesto el foco de atención en las encuestas nacionales, la mesa está servida para que la oposición denuncie que hubo fraude, tal y como hizo en las elecciones presidenciales de 2013. En esa oportunidad la oposición salió a las calles con manifestaciones violentas y la Casa Blanca les respaldó negándose a reconocer los resultados. No cabía absolutamente ninguna duda sobre los resultados --Venezuela tiene uno de los sistemas electorales más a prueba de fraude que se conozcan, reconocido como “el mejor del mundo” por el ex Presidente de Estados Unidos y experto en elecciones Jimmy Carter.

En 2013, fue gracias a la intervención de América del Sur que se obligó a Estados Unidos y sus únicos dos aliados, José Miguel Insulza (Secretario General de la OEA) y el derechista Partido Popular de España a dar marcha atrás y sumarse al resto del mundo que reconoció los resultados. Lula en particular emitió inusualmente duras críticas públicas contra Estados Unidos por apoyar esa iniciativa de desestabilización.

Incluso si la oposición obtiene mayoría simple en la Asamblea, quizás denuncie fraude en todo caso si no alcanza la mayoría de dos tercios, que le daría muchísimo más poder. La campaña internacional actual liderada por Estados Unidos se ha centrado peligrosamente no sólo en deslegitimar al gobierno de Venezuela, sino también sus elecciones. A estos esfuerzos se le suma ahora el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, que publicó una carta de 18 páginas en la que destroza a críticas a Venezuela antes de las elecciones. El ex presidente uruguayo Pepe Mujica repudió las acciones de Almagro, quien fuera su ministro de relaciones exteriores hasta marzo de este año. Y con la elección reciente de Mauricio Macri — un político que había apelado previamente a funcionarios estadounidenses para que lo ayudaran a luchar contra su propio gobierno-- como presidente de Argentina, Estados Unidos se ha ganado un nuevo aliado para su campaña.

El gobierno de Brasil debe plantarse firme, como hizo en 2013, contra estos sórdidos intentos de socavar la legitimidad de las elecciones en Venezuela. Y Almagro ha violado claramente su mandato como Secretario General de la OEA al hacer campaña activamente contra un país miembro. Debería renunciar.


Mark Weisbrot es el codirector del Centro para la Investigación Económica y Política en Washington, DC, y Presidente de Just Foreign Policy. También es autor del nuevo libro "Errados: en qué se equivocaron los 'expertos' acerca de la economía global" (Oxford University Press, 2015).