Mark Weisbrot
El Financiero, 3 de abril, 2018

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El siguiente artículo es una respuesta a un artículo de Jorge Castañeda.

Jorge Castañeda responde en estas páginas a mi artículo de The New York Review of Books con el usual hostigamiento macartista que quizá aprendió de sus mentores del Norte, y que fue desplegado con “choque y temor” contra Andrés Manuel López Obrador en las cuestionables elecciones presidenciales de 2006 (gracias al control oligopólico de los principales medios). Qué aburrido. Pero quizá debiera prestar más atención a la historia económica de su propio país, o al menos leer lo que critica.

De México, de 1960 a 1980, escribe: “régimen de partido único, represión, fraude electoral, violaciones a los derechos humanos, corrupción, endeudamiento, crisis financieras recurrentes, estancamiento del empleo, del ingreso y de la productividad”.

Como señalé en el artículo que Castañeda aparentemente no leyó, la economía mexicana fue muy bien en esas décadas, casi doblando la renta per cápita real (ajustada a la inflación) con un 97% de crecimiento. ¿Estaba Castañeda fuera del país en esos años? Porque incluso si uno no puede entender datos económicos básicos, sería difícil no ver la diferencia entre esas décadas y el patético crecimiento de la renta per cápita (13%) de los 20 años siguientes (1980–2000). O el escaso crecimiento de México en el siglo XXI, cuando la mayoría de la región le fue mejor, en términos tanto de crecimiento de la renta como de reducción de la pobreza. Por supuesto, si sólo se relaciona con personas ricas, la diferencia puede no haber sido para él tan evidente.

Extrañamente, Castañeda me acusa de “una innegable nostalgia por esos años [1960–1980]”. ¿Es nostalgia por la dictadura militar de Brasil señalar que este país experimentó uno de los crecimientos económicos más rápidos del mundo en el mismo periodo? Claro que es poco afortunado que la transición de las dictaduras a las democracias en América Latina coincidiera con la adopción de políticas económicas neoliberales que fracasaron miserablemente en la región. Pero la cuestión es no aceptar esto como un coste de la “democratización” (que en México ha sido bastante limitada), o no descartar las alternativas reformistas como “totalmente desfasada de las tendencias actuales de la globalización”, como hace fácilmente Castañeda.

Más bien, la cuestión es adoptar mejores políticas económicas que permitan de nuevo aumentar rápidamente el nivel de vida para la mayoría de México. Puesto que la forma de “globalización” que ha adoptado México desde los años 1980 ha fracasado claramente, la respuesta racional sería encontrar una forma más inteligente de participar en la economía global ‒mejor que aceptar el fracaso continuo y la pobreza generalizada, como parecen hacer Castañeda, el PAN (Partido Acción Nacional) y el PRI (Partido Revolucionario Institucional)‒.

Desde la respuesta de Castañeda a mi artículo, se ha convertido en el coordinador estratégico de la campaña del candidato del PAN Ricardo Anaya. Así que le dejaré a él el análisis político, al menos, del candidato del PAN al que ha escogido servir. En particular, su argumento en esta entrevista en vídeo de hace un año y cuatro meses:

Entre Margarita [Zavala] y Anaya, pues la verdad programáticamente hablando no haces uno ¡eh!, desde otros puntos de vista sin duda, pero ahí ideas, lo que se llaman ideas, ahí no va a haber".

Le deseo a Castañeda la mejor suerte en su intento de infundir más y mejores ideas en la campaña de Anaya.


Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR) en Washington, D.C. y presidente de la organización Just Foreign Policy. También es autor del libro “Fracaso. Lo que los ‘expertos’ no entendieron de la economía global” (2016, Akal, Madrid).

Traducción por Indaga, cooperativa de investigación social (www.indaga.org).