Mark Weisbrot
El Planeta, 21 de enero, 2016

Al Jazeera America, 14 de enero, 2016

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La contienda por las primarias presidenciales estadounidenses se está tornando interesante — tal vez lo más interesante que hemos visto en los últimos ochenta años. Me refiero a las primarias del partido demócrata, aunque el bando republicano es generalmente interesante, a su manera. Los analistas políticos de Washington, D.C. están empezando a creer que Bernie Sanders tiene una posibilidad real de ganar la nominación demócrata. E incluso esta posibilidad puede ser más significativa de lo que imaginan.

Una encuesta del diario New York Times y el canal CBS divulgada el miércoles en la noche, mostró a Hillary Clinton con 48 por ciento de apoyo frente a 41 por ciento para Bernie Sanders — un margen de 20 puntos menos que el mes pasado. Los votantes menores de 45 años prefirieron a Sanders sobre Clinton en una proporción cercana de dos contra uno. Una encuesta de la Universidad Monmouth publicada el 12 de enero mostró a Sanders con una ventaja de 14 puntos frente a Clinton en el estado de New Hampshire (53–39). En la encuesta de la Universidad Qunnipiac, divulgada el mismo día, Sanders borró la ventaja de Clinton en el estado de Iowa, ubicándose 5 puntos porcentuales por encima de ella.

Si uno se basa en experiencias pasadas, las victorias en Iowa y New Hampshire podrían impulsar a Sanders y cambiar la dinámica de la campaña. Pero la manera en la cual eso está ocurriendo también es importante para entender lo que suceda. Las asambleas electorales (o “caucuses” en inglés) de Iowa se llevarán a cabo el 1 de febrero, es decir en un poco más de dos semanas. Los demócratas de New Hampshire votarán el 9 de febrero. En esas contiendas estarán votando los electores que han prestado mayor atención a los candidatos y a los temas de campaña. Y Sanders lleva la ventaja en ambos frentes. Esto significa que las encuestas nacionales, que todavía le conceden ventaja a Clinton, pudieren estar sesgadas debido al hecho de que muchos de estos electores aún no están bien informados sobre las agendas de los candidatos. Las cifras podrían cambiar rápidamente una vez que la gente conozca un poco mejor al rival de Clinton.

Esto es precisamente lo que sucedió en 2008, cuando un senador nuevo del estado de Illinois llamado Barack Obama logró ganar contra Hillary Clinton, cuya nominación se había considerado inevitable. De hecho, dos semanas y media antes de las primarias de Iowa — que es donde estamos ahora, Obama estaba 6 puntos detrás de Clinton en ese estado y casi empatado en New Hampshire. A nivel nacional, estaba hasta 29 puntos por debajo de ella.

En ese momento de las primarias presidenciales de 2008, Obama ni siquiera empataba con Clinton en Carolina del Sur. Sin embargo, tras el triunfo de Obama en Iowa los votantes lo examinaron con más detalle y Obama derrotó a Clinton de manera arrolladora, con 28 puntos porcentuales.

Pudiera repetirse la historia, y cuando veamos la intensificación de críticas de Clinton hacia Sanders, es claro que a ella le preocupa que eso suceda. Y otro caso de déjà vu: MoveOn.org, una de las fuerzas de base del internet más poderosas en las primarias demócratas — y hasta en el país — votó el domingo de manera abrumadora apoyar a Bernie Sanders. MoveOn fue un actor clave en las primarias de 2008 y movilizó decenas de miles de voluntarios, al igual que mucho dinero, a favor de Obama. Con su aval esta semana, ellos se comprometieron a organizar sus 43,000 miembros en Iowa y 30,000 en New Hampshire. Esto podría fácilmente marcar la diferencia en Iowa, donde se depositaron 239,000 votos en las asambleas electorales de 2008 (una participación récord).

El sistema político de EE.UU. incorpora muchas barreras para asegurar que un candidato como Sanders no pueda llegar a la presidencia. Él está proponiendo reformas económicas e institucionales de alcance mucho mayor que cualquier reforma desde la época de Franklin D. Roosevelt, que redistribuirían el ingreso y ayudarían a democratizar el poder político: dividir los grandes bancos, incrementar los ingresos y el poder de negociación de los trabajadores, levantar impuestos sobre Wall Street y los ricos, reformar el sistema de financiación de las campañas, crear un sistema de salud universal e incluso reformar una de las instituciones que toma las decisiones políticas y económicas más importantes — y una de las que menos cuentas rinde al país — la Reserva Federal. No obstante, algunas de las barreras contra un candidato de este tipo se han ido derrumbando. Sanders logró recaudar $73 millones de dólares en 2015, con donaciones de tan sólo $27 en promedio y sin dinero de las empresas. El internet y las redes sociales proporcionan tanto medios de comunicación alternativos que no son susceptibles de ser monopolizados, como una vigilancia sobre los principales medios de comunicación.

Para responder al desafío de Sanders, Clinton ha virado considerablemente hacia la izquierda con respecto a varios asuntos económicos. Andy Borowitz, el escritor de sátira política de la revista semanal New Yorker, lo resumió en una de sus parodias en abril del año pasado titulada “Se espera que al medio día Hillary adopte todas las posiciones de Sanders”. Esta semana ella propuso un recargo de 4 por ciento sobre ingresos superiores a $5 millones. También defendió ampliar la cobertura e incrementar la tasa del impuesto sobre herencias y cerrar algunas lagunas en la ley tributaria para los contribuyentes ricos.

El 11 de enero, el vicepresidente Joe Biden elogió a Sanders por su anhelo “profundo y verdadero”, su “credibilidad” y “autenticidad” en el tema de reducción de la desigualdad de ingresos; al tiempo que afirmó que “es relativamente reciente que Hillary hable sobre el tema”. Estos sentimientos han estado brotando con fuerza desde la base del partido: Si dos candidatos dicen que se van a enfrentar a las grandes empresas y a los multimillonarios que han empujado la desigualdad a niveles no vistos en cien años y uno de ellos recibe millones de dólares de aquellos, en tanto que el otro no recibe nada de estos sectores, los electores lo van a tomar en cuenta.

David Axelrod, que fu el jefe de estrategia de la campaña de Obama y después asesor principal en la presidencia, criticó esta semana a Chelsea Clinton por sus ataques contra Bernie Sanders, afirmando que estos “no eran honestos”.

Las declaraciones de Biden y Axelrod indican que el apoyo a Clinton desde los niveles altos del partido, y no sólo desde la base, podría también estar erosionado, a medida que se escurren sus cifras en las encuestas.

Irónicamente, con todas las reglas amañadas y la concentración de ingresos y poder contra las que clama Sanders — y que son inmensas y han aumentado enormemente desde 1980 — él tiene posibilidades serias de llegar a la presidencia. También existen un número de eventos históricamente específicos que apuntan hacia esa posibilidad, y eso no es necesariamente algo que sucede más de una o dos veces cada 80 años. Pero es la realidad. Cualquiera que piense que estas cosas no pueden suceder necesita repensar cómo entiende el sistema político estadounidense.


Mark Weisbrot es codirector del Centro para la Investigación Económica y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR) en Washington, D.C., y presidente de la organización Just Foreign Policy. También es autor del nuevo libro “Failed: What the ‘Experts’ Got Wrong About the Global Economy" (2015, Oxford University Press) (“Errados: en qué se equivocaron los ‘expertos’ acerca de la economía global”).