Mark Weisbrot
The New York Times en Español, 8 de julio, 2016

El Huffington Post, 9 de julio, 2016
The New York Times, June 28, 2016

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Lo mejor que podría hacer el gobierno de Estados Unidos con respecto a Venezuela, independientemente de los resultados políticos, sería dejar de intervenir.

Durante los últimos 15 años, Washington le ha causado un gran daño a Venezuela con su implacable búsqueda de un “cambio de régimen”. En marzo el presidente Obama declaró una vez más, de forma irracional, que Venezuela era una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, así que las sanciones económicas en contra del país se extendieron.

Aunque esas sanciones tienen un alcance limitado, acarrean consecuencias importantes en las decisiones de inversión pues los inversionistas saben lo que suele ocurrir con los países que Washington tiene en la mira como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos. Las sanciones, así como la presión por parte del gobierno estadounidense, provocaron que importantes instituciones financieras no le otorgaran préstamos al gobierno venezolano que en otro momento serían de bajo riesgo al estar garantizados con oro.

Washington estuvo involucrado en el golpe militar de 2002 en contra del gobierno electo de Venezuela. El gobierno de Estados Unidos reconoció haber proporcionado “entrenamiento, instalaciones institucionales y otro tipo de ayuda a personas y organizaciones” que participaron en el golpe. Después de eso aumentó la financiación a grupos de oposición y les sigue otorgando millones de dólares.

En 2013, Washington volvió a encontrarse en una posición solitaria en la región y el mundo, al rehusarse a reconocer los resultados de la elección presidencial (incluso cuando no hubo dudas acerca del proceso electoral); Estados Unidos le prestó ayuda a manifestantes violentos que buscaban derrocar al gobierno. Asimismo, le dio apoyo político a intentos similares en 2014.

Todo está bien documentado y se le ha dado a conocer a los periodistas que cubren Venezuela, pero habrá que intentar encontrarse a alguno en los medios importantes que tenga el valor de escribir al respecto. Es un poco como informar sobre Ucrania y nunca mencionar a Rusia.

La intervención de Estados Unidos en Venezuela, como en otros países, ha contribuido a la polarización política y al conflicto que ha durado años, ya que alentó a los elementos de oposición en numerosas coyunturas para que buscaran una estrategia de cambio de régimen, más que un cambio político pacífico.

Implementar una política de no intervención en Venezuela sería un cambio enorme para Washington y sentaría un sano precedente. Después de todo, el mundo está inundado de sangre derramada y refugiados por la búsqueda estadounidense de “cambios de régimen” en Afganistán, Irak, Libia, Siria y otros países. ¿Por qué no intentar algo distinto en Occidente?


Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR) en Washington, D.C. y presidente de la organización Just Foreign Policy. También es autor del nuevo libro “Fracaso. Lo que los ‘expertos’ no entendieron de la economía global” (2016, Akal, Madrid).