Artículo • Las Columnas de Mark Weisbrot
Una alianza presidencial con Trump podría ser desastrosa para Colombia
Artículo • Las Columnas de Mark Weisbrot
Los Angeles Times
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El presidente Trump ha dado su “apoyo total y absoluto” al candidato de extrema derecha a la presidencia en Colombia, Abelardo de la Espriella, para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo domingo. Más allá de expresar su preferencia personal, el presidente estadounidense también señaló que “los resultados de esta elección son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con los Estados Unidos”, y que Abelardo “tendrá el apoyo total y la fuerza de los Estados Unidos detrás de él”.
Que un presidente intervenga de esta manera en las elecciones de otro país constituye una violación de las normas internacionales. Por supuesto, podría haber una respuesta negativa por parte de los votantes colombianos, que lo percibirán como un ataque a la democracia y a la soberanía nacional. Sobre todo porque Trump, al frente de las fuerzas armadas más poderosas del mundo, amenazó con una acción militar contra Colombia hace menos de cinco meses.
“Venga por mí”, respondió el presidente colombiano Gustavo Petro. Acto seguido, Petro fue invitado a reunirse con Trump en la Casa Blanca, donde el presidente estadounidense demostró ser, decididamente, mucho más cordial. Hasta que él (o sus asesores, encabezados por Marco Rubio) tomó la decisión de apostar por un presidente de derecha en Colombia que hiciera lo que Trump le pidiera.
De la Espriella parece estar dispuesto a asumir el cargo, dando la bienvenida a una alianza entre “dos líderes que se respetan y que comparten los mismos valores y principios innegociables”, y comprometiéndose a unirse a “la Alianza del Escudo de las Américas”. El Escudo de las Américas es una coalición de gobiernos de derecha de la región, liderada por la Administración Trump y formada en marzo.
En la primera vuelta, De la Espriella quedó en primer lugar con una ventaja de 2,8 puntos porcentuales sobre Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico, la coalición de izquierda que lidera el actual presidente Petro.
Durante la presidencia de Petro, entre 2022 y 2025, el salario mínimo, ajustado a la inflación, aumentó un 39 por ciento. La tasa de pobreza ha disminuido sustancialmente, en un 23,5 por ciento desde 2022. Más de 3,9 millones de personas han salido de la pobreza. La tasa de pobreza extrema se redujo aún más en términos porcentuales, por un 30 por ciento, es decir, 1,9 millones de personas. La pobreza extrema se define como ingresos demasiado bajos para cubrir las necesidades básicas; el umbral de pobreza extrema en Colombia en 2025 era de 58 dólares al mes, o aproximadamente 1,90 dólares por día.
Cepeda se ha comprometido a seguir dando prioridad a la reducción de la pobreza y al aumento de los ingresos per cápita, así como a ampliar la red de protección social de la mayoría.
Por el contrario, De la Espriella ha hecho un llamamiento a favor del enfoque de la “motosierra” de la derecha, que incluye una reducción del 40 por ciento del tamaño del gobierno y la eliminación de 70.000 puestos de trabajo. Esto no va a reducir la pobreza ni elevar el nivel de vida de la mayoría de los colombianos.
Pero pueden suceder cosas aún peores bajo un presidente como De la Espriella, aliado de Trump. Una presidencia así supondría un alto riesgo de muerte y destrucción, en un país que ha sufrido enormemente durante décadas a causa de la violencia y el conflicto armado.
Este peligro se hace evidente en los estrechos y duraderos vínculos de De la Espriella con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), así como en su apoyo a estas. Esta fue la organización paramilitar más grande y letal de la historia de Colombia, responsable de decenas de miles de asesinatos, en su inmensa mayoría de civiles.
De la Espriella llegó a alcanzar prominencia inicialmente como abogado de las AUC, pero también ha mantenido una estrecha relación con sus líderes y ha trabajado para ellos de otras formas. Por ejemplo, lideró importantes iniciativas para redefinir la imagen de las personas que cometieron masacres y otros crímenes de lesa humanidad, presentándolas como actores políticos que no deben ser procesados.
Como era de esperar, De la Espriella se ha pronunciado en contra de los acuerdos de paz de 2016 en Colombia, así como de su aplicación. Favorece un mayor despliegue militar y la construcción de “megaprisiones” para el encarcelamiento masivo, siguiendo el modelo de Nayib Bukele, de El Salvador — otro miembro del Escudo de las Américas de Trump — quien ha triplicado la población carcelaria del país.
Estos son los “valores y principios innegociables” a los que nos enfrentamos. Con esta mentalidad, la guerra es la respuesta.
Trump sorprendió a gran parte del mundo cuando expresó estos valores en una amenaza dirigida a los 90 millones de habitantes de Irán el 7 de abril: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás”, afirmó.
La manera más generosa de describir a líderes como Trump y De la Espriella es decir que han perdido gran parte de su humanidad. De ahí la amenaza que supone para Colombia esta alianza entre ambos.
El equipo de Trump parece haber hecho todo lo posible por generar un conflicto violento en este hemisferio desde el inicio de su mandato. Comenzó con la designación de “cárteles y otras organizaciones” como Organizaciones Terroristas Extranjeras el primer día de su presidencia, para luego bombardear y matar a cientos de personas en pequeñas embarcaciones indefensas en el Caribe y, posteriormente, en el Pacífico occidental. Según los expertos en derecho militar, esto constituye un asesinato, ya que las víctimas no son combatientes. Por lo general, no se aportaron pruebas de un supuesto tráfico de drogas. Hubo algunas acusaciones absurdas, como el transporte de fentanilo, que ni siquiera llega a EE.UU. desde Sudamérica. Todo ello culminó en la “victoria” de Trump de tomar el control del petróleo de Venezuela y capturar a su presidente.
Y ahora la amenaza constante de atacar a Cuba, que ya está sufriendo enormemente a causa de un bloqueo estadounidense que es, por definición, un crimen de guerra según el Cuarto Convenio de Ginebra, que prohíbe el castigo colectivo en caso de conflicto armado. Incluso antes de que el bloqueo de este año cortara el suministro de petróleo y la mayor parte de la electricidad de Cuba, el endurecimiento de las sanciones por parte de Washington desde 2019 ya había aumentado la mortalidad infantil en Cuba en un 148 por ciento.
Trump parece estar decidido a ser un presidente belicista, y este hemisferio ha sido el escenario preferido de Rubio.
De la Espriella ha propuesto traer de vuelta las bases militares estadounidenses a Colombia, creando el Plan Colombia 2.0, según afirma.
Está recordando al pueblo colombiano que no le importa mucho el inmenso sufrimiento humano que la guerra ha causado y que puede ocasionar de nuevo.
Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política y autor de “Fracaso. Lo que los «expertos» no entendieron de la economía global”.