Greece

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CEPR has examined the role of European authorities and the IMF in prolonging Greece's economic downturn during and after the Global Recession, and what policies the Greek government attempted to use to spur economic recovery.

CEPR has examined the role of European authorities and the IMF in prolonging Greece's economic downturn during and after the Global Recession, and what policies the Greek government attempted to use to spur economic recovery.

Op-Ed/Commentary

EuropaGreciaEl Mundo Las autoridades europeas se niegan a permitir la recuperación de la economía griega, haciendo más probable su eventual salida del Eurogrupo
Mark WeisbrotPúblico, 7 de agosto, 2015 Al Jazeera America, 17 de julio, 2015 Ver el artículo original. en inglés  La batalla por el futuro de Europa, actualmente centrada en Grecia, está lejos de culminar. No obstante, con el acuerdo tentativo alcanzado entre el gobierno de Syriza y las autoridades europeas, no cabe duda de que se ha entrado a una nueva fase. Antes del referéndum del 5 de julio, los funcionarios europeos habían estado llevando a cabo una estrategia de “cambio de régimen“. Los plazos límite se fijaban y se vencían, y las amenazas de una expulsión forzada a Grecia, o Grexit, eran más que todo fingidas a pesar de que el líder más poderoso de los ministros de finanzas del Eurogrupo, el alemán Wolfgang Schäuble, parecía favorecerla. La estrategia de cambio de régimen lucía relativamente fácil: el Banco Central Europeo (BCE) mediante la restricción de crédito, y junto al enfrentamiento y los rumores de Grexit, ya había empujado a la economía griega de nuevo a la recesión. Parecía sólo cuestión de tiempo, antes de que el fracaso económico y combinado con la cobertura de los medios de comunicación contra Syriza, que se socavara el apoyo al gobierno griego lo suficiente como para propiciar la llegada de otro. Yanis Varoufakis, en su primera entrevista desde que renunció el 6 de julio al cargo de ministro de finanzas,  describe “la total falta de escrúpulos democráticos, por parte de los supuestos defensores de la democracia en Europa”; es decir, habla de sus socios en la negociación de la Eurozona. Ellos continuamente “retrasaron y luego sacaron el tipo de propuesta que se le presenta a la otra parte cuando no se busca un acuerdo”. El 26 de junio, el primer ministro griego, Alexis Tsípras, dio la vuelta a la situación al anunciar el referéndum, una consulta que el 5 de julio resultó ser un abrumador “no” contra más austeridad y “reformas” regresivas. Esto hizo que la estrategia de cambio de régimen se volviera un poco más engorrosa: si la idea era deshacerse de un gobierno llevando la economía a la ruina, hace falta que la gente culpe al gobierno en vez de los funcionarios europeos que están destruyendo la economía. Pero el voto demostró que los griegos eran conscientes de quiénes eran los responsables de su miseria, sobre todo después de que el BCE, en un esfuerzo por intimidar a los votantes, forzara el cierre del sistema bancario, algo que no había hecho en los últimos seis años de crisis y recesión. Esto fortaleció la posición dentro del campo europeo de Schäuble y sus aliados, quienes estaban a favor de una solución basada en la “expulsión inmediata”. Al parecer Tsípras se enfrentó a un dilema: aceptar los términos de las autoridades europeas o verse forzado a salir del euro, mientras el BCE insistía en destruir los bancos y el sistema financiero de Grecia. Se trataba de una situación de rehenes. Eligió rendirse, defendiendo su decisión sobre la base de que, aunque los votantes hayan rechazado la austeridad de forma contundente, estos tampoco querían abandonar el euro. Pero es casi seguro que el acuerdo actual, si se mantiene, no permitirá que la economía griega se recupere. Las metas de superávit presupuestario primario, de un 2,3 y 3,5 por ciento del PIB durante los tres años del acuerdo entre 2016 y 2018, lo hacen inevitable, dado que el país ya cuenta con un déficit presupuestario primario en la actualidad. Es poco probable que el gobierno sea capaz de cumplir con estos objetivos si la economía y, en consecuencia, los ingresos del gobierno, se contraen. El Financial Times estima que los superávit primarios contribuirán apenas en 4,5 millardos de euros durante estos tres años. Incluso si dicha predicción resulta ser baja, se trata de una pequeña parte de un paquete que se estima actualmente en 86 millardos de euros. El hecho de que los funcionarios europeos estén dispuestos a mantener la economía griega indefinidamente atrapada en una depresión, por una fracción tan pequeña de dinero que están poniendo (realmente el dinero de sus bolsillos, relativo a sus recursos) ha de ser una revelación para cualquier persona que esté siguiendo el drama. Esto significa que las autoridades europeas realmente no están interesadas ??en la recuperación económica de Grecia en un futuro próximo y también indica que esta lucha no es principalmente sobre la deuda en sí, sino que forma parte de una lucha política mucho más amplia, sobre el tipo de sociedad en que los griegos (y decenas de millones de otros europeos) desearían vivir. Las autoridades europeas han dejado claro que, mientras estén en control de la política económica de Grecia, la depresión del país y el desempleo masivo continuarán de forma indefinida. Incluso si se produjera un mayor alivio de la deuda, algo que todavía no forma parte del acuerdo, no mejoraría la situación en los próximos tres años, ya que es muy poco probable que permita reducir los pagos de intereses durante este período. Entonces, ¿Qué se podrá hacer? En la entrevista que dio después de su salida, Varoufakis describe tres pasos propuestos por él, en respuesta al cierre forzoso de los bancos griegos por parte del BCE: “Deberíamos emitir nuestros propios pagarés, o al menos anunciar que vamos a emitir nuestra propia liquidez en euros; debemos podar los bonos griegos de 2012 en posesión del BCE, o anunciar que lo haremos; y debemos tomar el control del Banco de Grecia (el banco central griego)”. Estos eran pasos que se encaminaban hacia una salida del euro, pero sin ser irreversibles. Eran movimientos que habrían ayudado a preparar al gobierno para mantener el funcionamiento de la economía en ausencia de un acuerdo con los acreedores.También mostrarían que Grecia no estaba completamente a merced de los acreedores. Pero Varoufakis, como él mismo señaló, estaba en la minoría. También puntualizó que, aunque había un pequeño equipo que trabajó en los detalles de una salida del euro “para preparar al país, era necesario tomar una decisión ejecutiva, y esta decisión nunca fue tomada”. Dichas preparaciones ahora lucen prudentes, ya que las máscaras han caído y todo el mundo puede ver cuán mezquina y despiadada está dispuesta a ser la dirección actual de la zona euro, con el fin de imponer su propia marca de orden económico en los países de la moneda común. Si Grecia deja el euro, las cosas probablemente empeorarán antes de mejorar, pero la economía se recuperaría. Como bien se sabe, Argentina sufrió una crisis financiera muy grave después de que dejara de pagar su deuda a finales de 2001 y desvinculó su moneda del dólar en enero de 2002. Sin embargo, tres meses después la economía ya crecía, y continuó creciendo un 63 por ciento en el transcurso de los seis años siguientes, una de las tasas más rápidas de crecimiento en el mundo durante ese período. Contrariamente a la creencia popular, el crecimiento fue impulsado no por un “boom de materias primas”, ni por las exportaciones. Aunque Grecia cuenta con más exportaciones, como porcentaje del PIB que Argentina en aquél momento y se beneficiaría de una devaluación, el impulso principal para una recuperación (al igual que en Argentina) vendría de la posibilidad de escapar de las políticas económicas destructivas impuestas por extranjeros. Argentina sólo tuvo que hacerle frente a una tercera parte de la Troika, el FMI, pero se trataba de un impedimento bastante mortal. Algunos economistas han señalado correctamente que un default y una devaluación que impliquen la creación de una nueva moneda presentan desafíos adicionales, en comparación con el abandono por parte de Argentina de la paridad peso/dólar. Pero esto no cambia la historia en su esencia. Una economía desarrollada no se transforma de la noche a la mañana en un estado fallido simplemente por salirse de una unión monetaria. Si nos paseamos por las peores crisis financieras de los últimos 25 años, ninguna de estas tuvo como resultado el tipo de daño económico sufrido por Grecia. No queda claro por qué alguien puede imaginar que Grecia estaría peor saliéndose del euro ahora que en tres años, en caso de seguir el programa económico que se encuentra finiquitando con las autoridades europeas. Mientras tanto, a pesar de la rendición incondicional por parte del gobierno de Syriza y del visto bueno del parlamento a las odiadas medidas de austeridad, exigidas por las autoridades europeas, el BCE no aumentó su Asistencia de Liquidez de Emergencia a los bancos griegos para que pudieran abrir. Los bancos no abrieron sino hasta el lunes 20 de julio, con importantes restricciones y un mercado bursátil cerrado. El BCE parece no tener prisa en detener el daño económico acelerado que le ha infligido de forma deliberada a la economía griega durante las últimas semanas, a modo de obligar el presente acuerdo. Mark Weisbrot codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington, D.C. y presidente de Just Foreign Policy. Es además autor del libro de próxima aparición Errados: en qué se equivocaron los “expertos” acerca de la economía global (Oxford University Press, 2015).

Mark Weisbrot / 11 Agosto 2015

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EuropaGlobalización y comercioGreciaEl Mundo Nuevo rescate griego aumenta las probabilidades de que Grexit realmente ocurra, pese a las presiones de Washington
Mark WeisbrotÚltimas Noticias, 2 de agosto, 2015 Intereconomics, 29 de julio, 2015 Ver el artículo original. En inglés Ahora queda claro que las autoridades europeas no tienen la intención de permitir que la economía griega se recupere en un futuro cercano. Los superávits primarios que el gobierno se ha visto obligado a aceptar – del 2, 3 y 3.5 por ciento del PIB durante los tres años del acuerdo, que va del 2016 hasta el 2018 – no le permitirán a Grecia salir de sus seis años de depresión hasta la fecha. Incluso si no cumplen con esas metas, lo cual es probable, el simple hecho de apegarse a lo que se han comprometido a hacer impedirá que la economía se recupere. Y mientras más lenta sea la recuperación, más los acreedores de Grecia – con más del 86 por ciento de la deuda en manos de acreedores oficiales (el FMI, el BCE y los gobiernos europeos) –  perderán en la reestructuración de la deuda, algo que ya casi todo el mundo reconoce como inevitable. Al cerrar el sistema bancario griego con el fin de ponerle una pistola a la cabeza de Grecia antes del referéndum del 5 de julio, el BCE ha sacrificado decenas de millardos de euros contraídos con sus acreedores. Además, dado que el sistema financiero aún no ha vuelto a su funcionamiento normal, esto significa que van a perder aún más. La extensión garantizada de la depresión griega sin duda cambia la ecuación para los griegos con respecto a los costos y beneficios de permanecer en la eurozona. Por supuesto, dejar el euro podría ser peor que llevar a cabo el acuerdo firmado por el gobierno, pero resulta muy poco probable. Una mirada a las crisis financieras de las últimas dos décadas revela que Grecia ya ha sufrido más daño que cualquier otra. Aunque la economía griega podría empeorar después de un ‘Grexit’ (salida de Grecia de la eurozona), antes de mejorar, teniendo en cuenta lo que enfrentan los griegos en el marco del programa actual, el resultado final de una salida sería muy probablemente una recuperación más rápida. Algunos, entre ellos el presidente François Hollande de Francia, están presionando para lograr una mayor integración fiscal y política, con el fin de resolver el problema. Pero es muy poco probable que esto sea de gran ayuda, puesto que la política en la zona euro es la que presenta el problema más inmediato y urgente. Debe quedar claro que esta crisis no tiene que ver con dinero. El problema de la deuda griega podría haber sido resuelto en el año 2010, por una pequeña fracción del dinero que los acreedores ya han perdido. Aumentaron sus pérdidas enormemente al poner a Grecia a pasar por su larga depresión, y ahora están dispuestos a sacrificar aún más, con el fin de alcanzar sus objetivos políticos. ¿Cuáles son esos objetivos políticos? Para pruebas directas, se pueden consultar las miles de páginas generadas por las "consultas del Artículo IV" que los países de la UE sostienen regularmente con el FMI. Estas relatan una historia clara de lo que parece ser un consenso de élites, o al menos de una mayoría de éstas: durante los cuatro años que van del 2008 al 2011 (que incluyen la crisis financiera y la recesión mundial), se observa un patrón pronunciado de recomendaciones que abogan por el ajuste fiscal, los recortes, la reducción de las pensiones y del gasto en salud, el aumento de la oferta de trabajo y la reducción de la capacidad de negociación de la mano de obra, además de reducir el empleo público. Es a favor de esta visión que el Banco Central Europeo, a lo largo de 2011 y hasta septiembre de 2012, forzó varias veces a la zona euro al borde de un colapso financiero, con los mercados convencidos de que la existencia del euro en sí corría riesgo. Esta jugada de la gallina contribuyó en gran parte a los dos años más de recesión que sufrió la zona euro, luego de su recuperación inicial de la recesión de 2009. Fue apenas en julio de 2012, que el presidente del BCE, Mario Draghi, pronunció las tres palabras que pusieron fin a la crisis financiera, al declarar que el BCE haría "lo que sea necesario" para preservar el euro. Por supuesto Draghi y el BCE podrían hacer lo mismo para Grecia como lo que hicieron para Italia y España en el 2012, ambos países "deudores demasiado grandes para permitirles entrar en quiebra", cuyos rendimientos en sus bonos se estabilizaron inmediatamente como resultado de la declaración de Draghi, y comenzaron una disminución constante hacia niveles muy bajos, sin que el BCE siquiera tuviera que respaldar su afirmación con dinero. Pero más bien han elegido hacer lo contrario, con el propósito deliberado de causar una grave crisis en el sistema financiero griego, y empujarlo hacia una recesión aún más profunda. Mientras tanto, he aquí otro interés que ha estado presionando en silencio a las autoridades europeas de no forzar a Grecia a dejar la zona euro: el gobierno de Estados Unidos. En una reunión de la junta del FMI el 1 de julio, EE.UU. obligó la divulgación de un análisis del FMI mostrando que la deuda de Grecia era insostenible. Quizás haya ayudado a Syriza a ganar un "no" abrumador en el referéndum del 5 de julio, puesto que el gobierno griego lo citó para demostrar que sus demandas de alivio de la deuda eran razonables. Fue una ruptura de protocolo en el FMI: Washington acostumbra acceder a los deseos europeos con respecto a un tema tan importante para Europa. También fue un tiro de advertencia, dirigido a los partidarios de la línea dura, sobre todo entre los alemanes, para hacer constar que el gobierno de Estados Unidos tiene sus propios intereses en no romper la zona euro, y utilizará su poder cuando sea necesario y posible, a modo de evitar dicho escenario. A Washington no le preocupa el proyecto de una nueva Europa más neoliberal, pero sí le preocupa profundamente la integridad de su aliado más importante – Europa – y cuenta con una larga y sórdida historia de intervención en Grecia, con el fin de mantener a ese país dentro de su órbita. Pero puede que incluso la mano pesada de Washington no sea suficiente para mantener a Grecia dentro del euro, en vista de las imposibles exigencias de las autoridades europeas. Incluso un alivio de la deuda, en caso de que los alemanes estuvieran dispuestos a concederlo, sería casi sin duda demasiado poco, demasiado tarde, como para permitir una recuperación de la economía griega en un futuro próximo. Sin una recuperación económica, el acuerdo puede muy bien colapsar. Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington, D.C. y presidente de Just Foreign Policy. Es además autor del libro de próxima aparición Errados: en qué se equivocaron los “expertos” acerca de la economía global (Oxford University Press, 2015).

Mark Weisbrot / 03 Agosto 2015

Op-Ed/Commentary

EuropaGlobalización y comercioGreciaEl Mundo Nuevo rescate griego aumenta las probabilidades de que Grexit realmente ocurra, pese a las presiones de Washington
Mark WeisbrotÚltimas Noticias, 2 de agosto, 2015 Intereconomics, 29 de julio, 2015 Ver el artículo original. En inglés Ahora queda claro que las autoridades europeas no tienen la intención de permitir que la economía griega se recupere en un futuro cercano. Los superávits primarios que el gobierno se ha visto obligado a aceptar – del 2, 3 y 3.5 por ciento del PIB durante los tres años del acuerdo, que va del 2016 hasta el 2018 – no le permitirán a Grecia salir de sus seis años de depresión hasta la fecha. Incluso si no cumplen con esas metas, lo cual es probable, el simple hecho de apegarse a lo que se han comprometido a hacer impedirá que la economía se recupere. Y mientras más lenta sea la recuperación, más los acreedores de Grecia – con más del 86 por ciento de la deuda en manos de acreedores oficiales (el FMI, el BCE y los gobiernos europeos) –  perderán en la reestructuración de la deuda, algo que ya casi todo el mundo reconoce como inevitable. Al cerrar el sistema bancario griego con el fin de ponerle una pistola a la cabeza de Grecia antes del referéndum del 5 de julio, el BCE ha sacrificado decenas de millardos de euros contraídos con sus acreedores. Además, dado que el sistema financiero aún no ha vuelto a su funcionamiento normal, esto significa que van a perder aún más. La extensión garantizada de la depresión griega sin duda cambia la ecuación para los griegos con respecto a los costos y beneficios de permanecer en la eurozona. Por supuesto, dejar el euro podría ser peor que llevar a cabo el acuerdo firmado por el gobierno, pero resulta muy poco probable. Una mirada a las crisis financieras de las últimas dos décadas revela que Grecia ya ha sufrido más daño que cualquier otra. Aunque la economía griega podría empeorar después de un ‘Grexit’ (salida de Grecia de la eurozona), antes de mejorar, teniendo en cuenta lo que enfrentan los griegos en el marco del programa actual, el resultado final de una salida sería muy probablemente una recuperación más rápida. Algunos, entre ellos el presidente François Hollande de Francia, están presionando para lograr una mayor integración fiscal y política, con el fin de resolver el problema. Pero es muy poco probable que esto sea de gran ayuda, puesto que la política en la zona euro es la que presenta el problema más inmediato y urgente. Debe quedar claro que esta crisis no tiene que ver con dinero. El problema de la deuda griega podría haber sido resuelto en el año 2010, por una pequeña fracción del dinero que los acreedores ya han perdido. Aumentaron sus pérdidas enormemente al poner a Grecia a pasar por su larga depresión, y ahora están dispuestos a sacrificar aún más, con el fin de alcanzar sus objetivos políticos. ¿Cuáles son esos objetivos políticos? Para pruebas directas, se pueden consultar las miles de páginas generadas por las "consultas del Artículo IV" que los países de la UE sostienen regularmente con el FMI. Estas relatan una historia clara de lo que parece ser un consenso de élites, o al menos de una mayoría de éstas: durante los cuatro años que van del 2008 al 2011 (que incluyen la crisis financiera y la recesión mundial), se observa un patrón pronunciado de recomendaciones que abogan por el ajuste fiscal, los recortes, la reducción de las pensiones y del gasto en salud, el aumento de la oferta de trabajo y la reducción de la capacidad de negociación de la mano de obra, además de reducir el empleo público. Es a favor de esta visión que el Banco Central Europeo, a lo largo de 2011 y hasta septiembre de 2012, forzó varias veces a la zona euro al borde de un colapso financiero, con los mercados convencidos de que la existencia del euro en sí corría riesgo. Esta jugada de la gallina contribuyó en gran parte a los dos años más de recesión que sufrió la zona euro, luego de su recuperación inicial de la recesión de 2009. Fue apenas en julio de 2012, que el presidente del BCE, Mario Draghi, pronunció las tres palabras que pusieron fin a la crisis financiera, al declarar que el BCE haría "lo que sea necesario" para preservar el euro. Por supuesto Draghi y el BCE podrían hacer lo mismo para Grecia como lo que hicieron para Italia y España en el 2012, ambos países "deudores demasiado grandes para permitirles entrar en quiebra", cuyos rendimientos en sus bonos se estabilizaron inmediatamente como resultado de la declaración de Draghi, y comenzaron una disminución constante hacia niveles muy bajos, sin que el BCE siquiera tuviera que respaldar su afirmación con dinero. Pero más bien han elegido hacer lo contrario, con el propósito deliberado de causar una grave crisis en el sistema financiero griego, y empujarlo hacia una recesión aún más profunda. Mientras tanto, he aquí otro interés que ha estado presionando en silencio a las autoridades europeas de no forzar a Grecia a dejar la zona euro: el gobierno de Estados Unidos. En una reunión de la junta del FMI el 1 de julio, EE.UU. obligó la divulgación de un análisis del FMI mostrando que la deuda de Grecia era insostenible. Quizás haya ayudado a Syriza a ganar un "no" abrumador en el referéndum del 5 de julio, puesto que el gobierno griego lo citó para demostrar que sus demandas de alivio de la deuda eran razonables. Fue una ruptura de protocolo en el FMI: Washington acostumbra acceder a los deseos europeos con respecto a un tema tan importante para Europa. También fue un tiro de advertencia, dirigido a los partidarios de la línea dura, sobre todo entre los alemanes, para hacer constar que el gobierno de Estados Unidos tiene sus propios intereses en no romper la zona euro, y utilizará su poder cuando sea necesario y posible, a modo de evitar dicho escenario. A Washington no le preocupa el proyecto de una nueva Europa más neoliberal, pero sí le preocupa profundamente la integridad de su aliado más importante – Europa – y cuenta con una larga y sórdida historia de intervención en Grecia, con el fin de mantener a ese país dentro de su órbita. Pero puede que incluso la mano pesada de Washington no sea suficiente para mantener a Grecia dentro del euro, en vista de las imposibles exigencias de las autoridades europeas. Incluso un alivio de la deuda, en caso de que los alemanes estuvieran dispuestos a concederlo, sería casi sin duda demasiado poco, demasiado tarde, como para permitir una recuperación de la economía griega en un futuro próximo. Sin una recuperación económica, el acuerdo puede muy bien colapsar. Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington, D.C. y presidente de Just Foreign Policy. Es además autor del libro de próxima aparición Errados: en qué se equivocaron los “expertos” acerca de la economía global (Oxford University Press, 2015).

Mark Weisbrot / 03 Agosto 2015

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