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CEPR has been examining economic and political changes in Brazil since the early 2000s, when the country began to challenge policies advocated by Washington-based institutions and began to pursue a different set of economic and foreign policies.

El CEPR ha estado examinando los cambios económicos y políticos en Brasil desde principios de la década del 2000, cuando el país comenzó a desafiar las políticas defendidas por las instituciones con sede en Washington y empezó a aplicar una política económica y exterior distinta.

report

BrazilCELACLatin America and the CaribbeanLuiz Inácio Lula da SilvaMERCOSURPink TideSouth American IntegrationUNASURWorld Toward a New UNASUR: Pathways for the Reactivation of South American Integration
This study analyzes (1) UNASUR’s legacy, its successes, mistakes and vulnerabilities; (2) UNASUR’s current legal situation and the status of its founding members in relation to its treaty; and (3) the reforms that should be carried out to ensure the long-

Guillaume Long / October 18, 2022

CEPR has been examining economic and political changes in Brazil since the early 2000s, when the country began to challenge policies advocated by Washington-based institutions and began to pursue a different set of economic and foreign policies.

El CEPR ha estado examinando los cambios económicos y políticos en Brasil desde principios de la década del 2000, cuando el país comenzó a desafiar las políticas defendidas por las instituciones con sede en Washington y empezó a aplicar una política económica y exterior distinta.

Op-Ed/Commentary

BrasilAmérica Latina y el CaribeLuiz Inácio Lula da SilvaPolítica exterior de EE. UU.El Mundo Asegurémonos de que, esta vez, el gobierno de EE.UU. respete la democracia en Brasil
Folha de S.Paulo Ver artículo original en portugués In English El pueblo brasileño ha votado el fin de la presidencia de un monstruo y ahora tiene la oportunidad de restaurar la democracia que había perdido. Bolsonaro tuvo una gestion pesima de la pandemia, difundiendo abundante información errónea sobre el Covid que contribuyó al número de muertos en Brasil de más de 600,000 personas. La deforestación de la Amazonía se aceleró: la cantidad deforestada en 2021 se incrementó en más del 70% que cuando asumió el cargo en 2018. También elogió y defendió la dictadura militar de Brasil y dijo que no acabó con la vida de suficientes personas. Al igual que Trump, Bolsonaro amenazó con rechazar los resultados de las elecciones si perdía. Lula da Silva derrotó a Bolsonaro por más de 2 millones de votos. Anteriormente fue un presidente de talante transformador (2003-2010) e inmensamente popular cuando dejó el cargo. Durante su presidencia, la tasa de pobreza de Brasil se redujo en un 50 por ciento y la pobreza extrema en un 49 por ciento. El ingreso por persona creció un 2,9 por ciento anual; más de 5 veces más rápido de lo que había crecido en los 20 años previos. El desempleo cayó del 13 al 8,5 por ciento. La mayor parte del mundo está celebrando justificadamente junto a la mayoría de los brasileños. Pero el mundo debería saber más acerca de cómo zozobró esta democracia y qué actores y eventos clave contribuyeron a este naufragio; para que no se repita. La democracia en Brasil se fue a pique cuando la presidenta Dilma Rousseff fue objeto de un impeachment sin haber cometido delito alguno. Y la democracia quedó sepultada cuando Lula da Silva fue encarcelado para evitar que se presentara a la reelección en 2018. Su condena fue posteriormente anulada luego de que los tribunales determinaran que el juez que lo condenó, Sergio Moro, carecía de imparcialidad. Moro fue designado como ministro de Justicia cuatro días después de la elección de Bolosonaro. La evidencia para la condena de Lula estuvo basada en el testimonio de un ejecutivo de una empresa constructora, quien había sido condenado por un escándalo de corrupción, y a quien se le redujo la pena carcelaria a cambio de su testimonio. De hecho, el periódico Folha de São Paulo informó que este ejecutivo no pudo negociar su pena (tras declararse culpable) hasta que no hubiese cambiado su testimonio para implicar a Lula en un presunto delito.  Cuando escribí sobre este juicio engañoso para la sección de opinión del New York Times en 2018, mi columna fue la primera publicación en los medios convencionales de EEUU que incluía estos hechos elementales, además de disponibles públicamente, y que muestran que el juicio de Lula fue claramente una persecución política. Estos hechos eran necesarios para tener una lectura de lo que la élite tradicional de Brasil estaba haciendo en realidad: destruir el estado de derecho y prescindir de la independencia del poder judicial para ganar lo que no pudieron ganar durante 14 años en las urnas, es decir, conseguir derrotar al Partido de los Trabajadores. ​​El Partido de los Trabajadores fue derrotado, pero no sin la ayuda significativa, quizás decisiva, del gobierno de Estados Unidos. Altos funcionarios estadounidenses tuvieron una serie de iniciativas públicas, tales como reuniones amistosas con los impulsores del impeachment de Dilma en Washington y Río de Janeiro mientras el juicio político estaba en curso. El Departamento de Justicia de Estados Unidos también contribuyó significativamente a la investigación que condujo a la persecución política y al encarcelamiento de Lula. Por ejemplo, en 2015, 17 funcionarios estadounidenses acudieron a la sede donde se investigaba la operación Lava Jato, a la vez que intentaron ocultar la visita del Ejecutivo estadounidense. Las autoridades de EEUU también acordaron transferir una parte de las multas recaudadas en EEUU a una fundación privada encabezada por los fiscales brasileños de Lava Jato. Este arreglo fue luego suspendido por la corte suprema de Brasil. Quienes consideran importante la democracia en Brasil tendrán que estar atentos a lo que haga el gobierno de Estados Unidos en los meses y años venideros.

Mark Weisbrot / 09 13:21:00 Noviembre 2022

Op-Ed/Commentary

BrasilColombiaAmérica Latina y el CaribeLuiz Inácio Lula da SilvaIntegración suramericanaUnasurEl Mundo Colombia, Brasil y la resurrección de Unasur
Fundación Revista Raya Ver artículo en el sitio original La victoria de Lula en las elecciones brasileñas anuncia un giro importante en la política exterior del gigante suramericano. Brasil volverá a tener una política exterior activa, multilateral y con un fuerte anclaje en los intereses del sur global. El propio Lula y su excanciller Celso Amorim han expresado su deseo de volver a darle fuerza a la integración suramericana, lo cual tuvo una expresión organizativa, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y un tratado, constitutivo de esta unión, en 2008. La Unasur es en realidad un proyecto que tiene sus raíces en la política exterior brasileña de los años 90 cuando Estados Unidos buscó alinear al hemisferio occidental detrás de su Iniciativa para las Américas, que se plasmaría en su propuesta de Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) hacia finales de la década. Tanto el presidente brasileño Itamar Franco, como su sucesor Fernando Henrique Cardoso, y luego, con mucha voluntad política, Lula optaron por hacer de la creación de un espacio suramericano una verdadera política de Estado de Brasil que pudiera asegurar un mínimo de autonomía de la región frente a los diseños hegemónicos de Estados Unidos. Este espacio suramericano implicaba además la convergencia de los ejes atlánticos y pacíficos del subcontinente, del Mercosur y de la CAN para crear en un primer momento un área económica y comercial suramericana y, en un segundo momento, un bloque geopolítico en capacidad de asentar su autonomía estratégica. En 2004, se creó por lo tanto la Comunidad Sudamericana de Naciones que se transformaría en 2008 en la Unasur. Lastimosamente, la Unasur gozó de pocos años de actividad organizativa. En este breve lapso la organización inició un lento proceso de institucionalización, creando consejos de nivel ministerial que desplegaban una importante agenda de trabajo (por ejemplo, el Consejo de Defensa Suramericano y el Consejo de Salud Suramericano), más allá de la diplomacia presidencial que caracterizó a la organización en sus primeros años. Pero entre 2018 y 2020, una ola de gobiernos con muy bajos niveles de compromiso con la integración regional, y desplegando una política exterior motivada esencialmente por el bilateralismo con la administración Trump, le asestaron varios golpes muy duros. Siete gobiernos, incluyendo el gobierno de Jair Bolsonaro denunciaron el Tratado Constitutivo de la Unasur, aunque varios, incluyendo Argentina y Brasil, lo hicieron de forma irregular y violando los procedimientos establecidos por las Constituciones de sus países. El retorno de Lula significará sin duda un retorno a un conjunto de políticas de Estado que fueron abandonadas durante el mandato de Bolsonaro. Una de ellas será el relanzamiento de un espacio de convergencia, integración y gobernanza suramericano. El día siguiente del triunfo de Lula, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, tuiteó: “Temas de una agenda con Brasil: 1. El rescate de la selva amazónica y su investigación científica. 2. El camino de una nueva política antidrogas no violento. 3. La red integrada de energía eléctrica de América con energías limpias. 4. La integración económica latinoamericana.” Esta lista de temas para una agenda bilateral y multilateral entre Colombia y Brasil es totalmente acertada. Significativamente, este listado no es solamente compatible con el relanzamiento de la Unasur sino que pareciera encarnar el deber ser de la organización, que cualquier lectura incluso sumaria del Tratado Constitutivo pone rápidamente en evidencia. Unasur, contrariamente a otras organizaciones y acuerdos regionales con vocación exclusivamente comercial o de seguridad siempre tuvo una mirada multidimensional. El Tratado de la Unasur buscó establecer el marco de una gobernanza regional justamente en las áreas señaladas por el Presidente Petro: en materia ambiental y científica, en materia de seguridad y antidrogas – de hecho, el Consejo Suramericano sobre el Problema Mundial de las Drogas de la Unasur ofrecía una mirada muy diferente a la que aún encarna la doctrina de la “guerra contra las drogas” de los Estados Unidos. La Unasur también incluía un Consejo Energético Suramericano (el punto 4 del presidente colombiano), y varios consejos en materia económica, financiera y de desarrollo. Colombia y Brasil pueden ser aliados estratégicos para un relanzamiento inteligente, eficiente, resiliente y estratégico de la integración suramericana. Una asociación de esta naturaleza deberá dedicarse a corregir varios errores del pasado, construir una institucionalidad robusta y ágil, y mejorar los procesos de toma de decisión. Pero en un mundo de creciente rivalidad entre las grandes potencias, la consolidación de organizaciones regionales fuertes es la única manera que tienen los países del Sur para defender sus intereses y elevar su voz.

Guillaume Long / 02 08:45:00 Noviembre 2022

Op-Ed/Commentary

BrasilFondo Monetario InternacionalAmérica Latina y el CaribeLuiz Inácio Lula da SilvaUnasurEl Mundo La victoria de Lula abre una ventana de oportunidad única a la UNASUR
Noticias de América Latina y el Caribe Ver artículo en el sitio original In English La meta: que el 1º de enero de 2023, en la posesión de Lula, se firmen los tratados para la nueva Unasur. Apenas tenemos dos meses para realizar todos los trabajos preparatorios y llegar a acuerdos claves. El camino jurídico está resuelto gracias al minucioso estudio técnico-jurídico de Guillaume Long y Natasha Suñé. Pero también, debemos poner en operación al Banco del Sur y firmar el tratado constitutivo del Banco Central del Sur y el “sur”, la moneda regional – adicional a las monedas nacionales – que propuso el Presidente Lula. El paso inicial debe ser inmediato – para que lo sienta la sociedad – armonizar los sistemas de pagos de la UNASUR para ejecutar transferencias interbancarias a cualquier cuenta dentro de la Región en tiempo real y desde el celular. Seamos prácticos, la ventana de oportunidad política está entre enero y septiembre de 2023, fecha de las elecciones primarias en Argentina. En ese período, debemos lograr las ratificaciones parlamentarias del caso. Existen soluciones expeditas y creativas, como delegar o refuncionalizar instituciones ya existentes – nacionales o regionales –  para cumplir el rol transitorio de las organizaciones nacientes. No podemos ceder esta ventana de oportunidad histórica a la lenta inercia de las cancillerías y los rezagos del malinchismo. Los presidentes progresistas deben crear un canal de comunicación inmediata entre ellos, designar ahí a un responsable que visite los países de la región detectando trabas y encontrando soluciones, y exigirle – en grupo – rendición de cuentas semanal. La voluntad política está ahí, no hay tiempo que perder. Podemos extender esta ventana de oportunidad si la Región logra dar pasos iniciales – pero contundentes – para la configuración de una nueva arquitectura financiera regional que permita un respiro para Argentina. Las oportunidades son concretas y las acciones a tomar son inmediatas. Primero, se debe suspender la elección del Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo hasta enero; no se puede continuar un candidato de Bolsonaro. Segundo, se debe impulsar la acción colectiva para anular retroactivamente los ilegales sobrecargos del Fondo Monetario Internacional (FMI) – de ser necesario, con resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas -. Tercero, la Región -junto con África- debe acordar con Estados Unidos una emisión extraordinaria de Derechos Especiales de Giro del FMI. Cuarto, la Región debe reciclar sus DEG, financiando a Argentina a largo plazo. Quinto, se debe retomar los delegados para el Banco del Sur y comenzar su operación inmediata. Sexto, Unasur debe conseguir que – por lo menos una parte de – los capitales fugados a EEUU retornen a sus países de origen, aplicando el artículo VIII.2.b del Convenio Constitutivo del FMI. Séptimo, y no menos importante, los países de la UNASUR deben exigir un puesto colectivo en la mesa del G20, como está por lograrlo la Unión Africana. Un paso clave para Lula está en deshacer la privatización de facto del Banco Central de Brasil que implementó Bolsonaro y rearticular al Banco Central de Brasil a la línea de desarrollo, integración y democracia. Es muy difícil que pueda cumplir las metas de erradicación del hambre y reindustrialización que necesita el pueblo brasileño si tiene un banco central boicoteándolo permanentemente. Basta ver el rol cómplice que ha cumplido el banco central colombiano en contra de las reformas iniciales del Presidente Petro. Dicho esto, esta ola de integración regional no puede quedarse solo a nivel de los presidentes; debe ser una verdadera integración de los pueblos. Eso implica participación profunda de los movimientos sociales de toda la región, pero sobre todo, beneficios inmediatos y tangibles para la ciudadanía. También implica dar un tratamiento preferencial a los países más pequeños. El liderazgo del Presidente Lula es crucial para sumar a países de orientación ideológica distinta. En lo inmediato, debemos concretar un programa de intercambio estudiantil masivo – en los tres últimos años de la educación secundaria – para que los y las jóvenes de la educación pública latinoamericana puedan estudiar un semestre o un año en otro país de la Región, sin traba burocrática alguna, y que el cupo que libera un joven en su país de origen sea ocupado por otro joven de otro país. No hay necesidad de aumentar el gasto público en educación, salvo por el transporte y – posiblemente – un estipendio. La meta debe ser ambiciosa: un millón de jóvenes en intercambio estudiantil en el próximo año. Este será el motor de la integración. En simultáneo, se debe lanzar una apuesta cultural a la integración. Debemos lanzar un concurso regional – comenzando a nivel de todas las escuelas de primaria – de cómo debe ser la bandera de la UNASUR. También debemos convocar a un concurso regional para plantear cuál debe ser el himno de la UNASUR – convocando así a músicos, escritores y poetas -. Presidente Lula, junte a sus futuros pares, designe a su embajador plenipotenciario para la integración regional y cree ya ese canal de comunicación. No hay tiempo que perder.

Andrés Arauz / 31 10:20:00 Octubre 2022

informe

BrasilCELACAmérica Latina y el CaribeLuiz Inácio Lula da SilvaMERCOSUROla progresistaIntegración suramericanaUnasurEl Mundo Hacia una nueva Unasur: Vías de reactivación para una integración suramericana permanente
Este estudio analiza (1) el legado de la Unasur, sus aciertos, errores y vulnerabilidades, (2) la situación jurídica actual de la Unasur y el status de sus miembros fundadores en relación con el Tratado Constitutivo de la organización, y (3) las reformas

Guillaume Long / 18 Octubre 2022

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