International Monetary Fund

Fondo Monetario Internacional

Op-Ed/Commentary

EcuadorGlobalización y comercioFondo Monetario InternacionalAmérica Latina y el CaribeEl Mundo Después de la debacle argentina, el FMI respalda controles de capital más débiles en Ecuador
Lara MerlingOpenDemocracy, 18 de diciembre de 2019 Ver artículo en la página web original In English El FMI respalda una reforma fiscal en Ecuador que permitirá la fuga de capitales e impone más austeridad. Durante el año pasado, un Fondo Monetario Internacional (FMI) relanzado regresó a América Latina con promesas de acuerdos de préstamo que serían diferentes a los temidos "programas de ajustes estructurales" del pasado. Detrás de las declaraciones de crecimiento inclusivo y protección a los más vulnerables, subyacen políticas similares a las implementadas con los ajustes estructurales de la era del Consenso de Washington. A pesar del colapso del programa en Argentina, que dejó al país hundido en la pobreza y con una economía colapsada, el FMI parece decidido a implementar su acuerdo con Ecuador.   La situación no ha sido alentadora para esta organización en el país suramericano. Una ola de protestas masivas estalló luego de un intento de imponer un alza de precios de combustible, como parte del acuerdo con el FMI, lo que forzó al gobierno ecuatoriano a retirar las medidas y suspender temporalmente el acuerdo con la organización. El FMI anunció recientemente sus planes de reanudar el programa con Ecuador después de que la Asamblea Nacional de ese país aprobara un proyecto de ley de reforma tributaria. Sin embargo, el comunicado de prensa del FMI no menciona que el proyecto de ley incluye varias disposiciones que buscan debilitar y, fundamentalmente, hacer ineficaces los controles de capital en ese país. Ecuador introdujo una serie de medidas para desalentar la fuga de capitales y evitar los flujos especulativos de capital en 2007, gravando las salidas que no cumplían con los criterios de inversión extranjera directa productiva (IED). Las medidas han logrado éxito en el fortalecimiento de la estabilidad macroeconómica y aumento de los ingresos del gobierno. Es importante considerar que el proyecto de ley original contemplaba que los ingresos para financiar actividades productivas y la permanencia en el país por al menos un año ya estaban exentas de este impuesto. También especificó que las salidas a una lista de paraísos fiscales no podían estar exentas del pago del impuesto. El nuevo proyecto de ley aprobado por la Asamblea Nacional de Ecuador elimina la disposición sobre paraísos fiscales, reduce el período de espera para que algunas inversiones queden exentas del pago de impuesto y retira por completo esta contribución fiscal de los mercados de valores y acciones, así como de inversiones financieras.  Los cambios en la legislación efectivamente permiten la especulación financiera. Asimismo, al eliminar la disposición de los paraísos fiscales, el nuevo instrumento permite tanto a inversionistas nacionales como internacionales redirigir su dinero como "IED fantasma", lo que exonera el pago de impuestos tanto de entrada como de salida del capital.  Las medidas incluidas en este proyecto de ley contradicen expresamente la posición supuestamente evolucionada del fondo sobre controles de capital. Un artículo reciente publicado en el Financial Times elogió la tibieza del FMI hacia los controles de capital, por medio de una serie de declaraciones realizadas por altos funcionarios del organismo, en lo que catalogan de "gestión del flujo de capital.” Dichos pronunciamientos están en consonancia con la visión institucional del FMI sobre la gestión del flujo de capital publicada en 2012. La posición del ente reconoció que la liberalización de las cuentas de capital podría no ser la medida adecuada, bajo ninguna circunstancia, lo que distancia al organismo de sus posturas dogmáticas neoliberales de cuentas de capital abierto.   En los Artículos de Acuerdo del FMI se afirma que los recursos del fondo no pueden ser utilizados para "satisfacer una salida sostenida de capital". Sin embargo, fue exactamente lo que sucedió en Argentina, donde hubo una fuga de 36,6 mil millones de dólares del país con el desembolso del FMI de 44,5 mil millones de dólares. La fuga de capital sostenida innegablemente fue un factor que contribuyó al fracaso colosal del último programa del FMI implementado en Argentina. En ese sentido, y dado el contexto actual, parece natural preguntarse porqué el fondo está presionando la implementación de medidas que debilitan los controles de capital en Ecuador. Debido a que el impuesto a la salida de divisas ya no se aplica a las inversiones productivas a largo plazo, atraer más IED (reales) no puede justificar estas disposiciones.   Además, las medidas impopulares exigidas por el FMI, las cuales generaron protestas masivas a principios de octubre de este año, fueron pospuestas.  Todo parece indicar que el fondo redoblará un programa de austeridad en Ecuador, lo cual probablemente producirá una recesión prolongada y proyecciones de crecimiento que nunca se materializarán (una característica común en los programas del FMI).  Por lo tanto, es poco realista creer que las medidas condensadas en el nuevo proyecto de ley de reforma fiscal atraerán nuevas inversiones productivas. Lo más probable es que se produzca un aumento en los flujos de capital volátiles que amenazará aún más la estabilidad macroeconómica de la economía dolarizada de Ecuador. Incluso en el propio programa, el FMI reconoce que el ambiente actual, el cual solo ha empeorado desde la firma del acuerdo, pudiera no ser el más idóneo para implementar la eliminación del impuesto a las transferencias extranjeras.   Sin embargo, el fondo afirma que estas medidas están "sentando las bases para un crecimiento robusto y sustentable, al tiempo que protege a los más vulnerables", pero el proyecto de ley de reforma tributaria no incluye ningún apartado al respecto. Por el contrario, permite a las élites locales sacar su dinero del país sin costo alguno, facilita la evasión fiscal y la especulación e introduce medidas fiscales regresivas que colocan la carga de ajuste sobre los más vulnerables de Ecuador. Lamentablemente, en lugar de aprender de los errores cometidos en Argentina, el FMI parece repetirlos.

CEPR / 22 Diciembre 2019

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EuropaGlobalización y comercioGreciaFondo Monetario InternacionalEl Mundo Nuevo rescate griego aumenta las probabilidades de que Grexit realmente ocurra, pese a las presiones de Washington
Mark WeisbrotÚltimas Noticias, 2 de agosto, 2015 Intereconomics, 29 de julio, 2015 Ver el artículo original. En inglés Ahora queda claro que las autoridades europeas no tienen la intención de permitir que la economía griega se recupere en un futuro cercano. Los superávits primarios que el gobierno se ha visto obligado a aceptar – del 2, 3 y 3.5 por ciento del PIB durante los tres años del acuerdo, que va del 2016 hasta el 2018 – no le permitirán a Grecia salir de sus seis años de depresión hasta la fecha. Incluso si no cumplen con esas metas, lo cual es probable, el simple hecho de apegarse a lo que se han comprometido a hacer impedirá que la economía se recupere. Y mientras más lenta sea la recuperación, más los acreedores de Grecia – con más del 86 por ciento de la deuda en manos de acreedores oficiales (el FMI, el BCE y los gobiernos europeos) –  perderán en la reestructuración de la deuda, algo que ya casi todo el mundo reconoce como inevitable. Al cerrar el sistema bancario griego con el fin de ponerle una pistola a la cabeza de Grecia antes del referéndum del 5 de julio, el BCE ha sacrificado decenas de millardos de euros contraídos con sus acreedores. Además, dado que el sistema financiero aún no ha vuelto a su funcionamiento normal, esto significa que van a perder aún más. La extensión garantizada de la depresión griega sin duda cambia la ecuación para los griegos con respecto a los costos y beneficios de permanecer en la eurozona. Por supuesto, dejar el euro podría ser peor que llevar a cabo el acuerdo firmado por el gobierno, pero resulta muy poco probable. Una mirada a las crisis financieras de las últimas dos décadas revela que Grecia ya ha sufrido más daño que cualquier otra. Aunque la economía griega podría empeorar después de un ‘Grexit’ (salida de Grecia de la eurozona), antes de mejorar, teniendo en cuenta lo que enfrentan los griegos en el marco del programa actual, el resultado final de una salida sería muy probablemente una recuperación más rápida. Algunos, entre ellos el presidente François Hollande de Francia, están presionando para lograr una mayor integración fiscal y política, con el fin de resolver el problema. Pero es muy poco probable que esto sea de gran ayuda, puesto que la política en la zona euro es la que presenta el problema más inmediato y urgente. Debe quedar claro que esta crisis no tiene que ver con dinero. El problema de la deuda griega podría haber sido resuelto en el año 2010, por una pequeña fracción del dinero que los acreedores ya han perdido. Aumentaron sus pérdidas enormemente al poner a Grecia a pasar por su larga depresión, y ahora están dispuestos a sacrificar aún más, con el fin de alcanzar sus objetivos políticos. ¿Cuáles son esos objetivos políticos? Para pruebas directas, se pueden consultar las miles de páginas generadas por las "consultas del Artículo IV" que los países de la UE sostienen regularmente con el FMI. Estas relatan una historia clara de lo que parece ser un consenso de élites, o al menos de una mayoría de éstas: durante los cuatro años que van del 2008 al 2011 (que incluyen la crisis financiera y la recesión mundial), se observa un patrón pronunciado de recomendaciones que abogan por el ajuste fiscal, los recortes, la reducción de las pensiones y del gasto en salud, el aumento de la oferta de trabajo y la reducción de la capacidad de negociación de la mano de obra, además de reducir el empleo público. Es a favor de esta visión que el Banco Central Europeo, a lo largo de 2011 y hasta septiembre de 2012, forzó varias veces a la zona euro al borde de un colapso financiero, con los mercados convencidos de que la existencia del euro en sí corría riesgo. Esta jugada de la gallina contribuyó en gran parte a los dos años más de recesión que sufrió la zona euro, luego de su recuperación inicial de la recesión de 2009. Fue apenas en julio de 2012, que el presidente del BCE, Mario Draghi, pronunció las tres palabras que pusieron fin a la crisis financiera, al declarar que el BCE haría "lo que sea necesario" para preservar el euro. Por supuesto Draghi y el BCE podrían hacer lo mismo para Grecia como lo que hicieron para Italia y España en el 2012, ambos países "deudores demasiado grandes para permitirles entrar en quiebra", cuyos rendimientos en sus bonos se estabilizaron inmediatamente como resultado de la declaración de Draghi, y comenzaron una disminución constante hacia niveles muy bajos, sin que el BCE siquiera tuviera que respaldar su afirmación con dinero. Pero más bien han elegido hacer lo contrario, con el propósito deliberado de causar una grave crisis en el sistema financiero griego, y empujarlo hacia una recesión aún más profunda. Mientras tanto, he aquí otro interés que ha estado presionando en silencio a las autoridades europeas de no forzar a Grecia a dejar la zona euro: el gobierno de Estados Unidos. En una reunión de la junta del FMI el 1 de julio, EE.UU. obligó la divulgación de un análisis del FMI mostrando que la deuda de Grecia era insostenible. Quizás haya ayudado a Syriza a ganar un "no" abrumador en el referéndum del 5 de julio, puesto que el gobierno griego lo citó para demostrar que sus demandas de alivio de la deuda eran razonables. Fue una ruptura de protocolo en el FMI: Washington acostumbra acceder a los deseos europeos con respecto a un tema tan importante para Europa. También fue un tiro de advertencia, dirigido a los partidarios de la línea dura, sobre todo entre los alemanes, para hacer constar que el gobierno de Estados Unidos tiene sus propios intereses en no romper la zona euro, y utilizará su poder cuando sea necesario y posible, a modo de evitar dicho escenario. A Washington no le preocupa el proyecto de una nueva Europa más neoliberal, pero sí le preocupa profundamente la integridad de su aliado más importante – Europa – y cuenta con una larga y sórdida historia de intervención en Grecia, con el fin de mantener a ese país dentro de su órbita. Pero puede que incluso la mano pesada de Washington no sea suficiente para mantener a Grecia dentro del euro, en vista de las imposibles exigencias de las autoridades europeas. Incluso un alivio de la deuda, en caso de que los alemanes estuvieran dispuestos a concederlo, sería casi sin duda demasiado poco, demasiado tarde, como para permitir una recuperación de la economía griega en un futuro próximo. Sin una recuperación económica, el acuerdo puede muy bien colapsar. Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington, D.C. y presidente de Just Foreign Policy. Es además autor del libro de próxima aparición Errados: en qué se equivocaron los “expertos” acerca de la economía global (Oxford University Press, 2015).

Mark Weisbrot / 03 Agosto 2015

Op-Ed/Commentary

EuropaGlobalización y comercioGreciaFondo Monetario InternacionalEl Mundo Nuevo rescate griego aumenta las probabilidades de que Grexit realmente ocurra, pese a las presiones de Washington
Mark WeisbrotÚltimas Noticias, 2 de agosto, 2015 Intereconomics, 29 de julio, 2015 Ver el artículo original. En inglés Ahora queda claro que las autoridades europeas no tienen la intención de permitir que la economía griega se recupere en un futuro cercano. Los superávits primarios que el gobierno se ha visto obligado a aceptar – del 2, 3 y 3.5 por ciento del PIB durante los tres años del acuerdo, que va del 2016 hasta el 2018 – no le permitirán a Grecia salir de sus seis años de depresión hasta la fecha. Incluso si no cumplen con esas metas, lo cual es probable, el simple hecho de apegarse a lo que se han comprometido a hacer impedirá que la economía se recupere. Y mientras más lenta sea la recuperación, más los acreedores de Grecia – con más del 86 por ciento de la deuda en manos de acreedores oficiales (el FMI, el BCE y los gobiernos europeos) –  perderán en la reestructuración de la deuda, algo que ya casi todo el mundo reconoce como inevitable. Al cerrar el sistema bancario griego con el fin de ponerle una pistola a la cabeza de Grecia antes del referéndum del 5 de julio, el BCE ha sacrificado decenas de millardos de euros contraídos con sus acreedores. Además, dado que el sistema financiero aún no ha vuelto a su funcionamiento normal, esto significa que van a perder aún más. La extensión garantizada de la depresión griega sin duda cambia la ecuación para los griegos con respecto a los costos y beneficios de permanecer en la eurozona. Por supuesto, dejar el euro podría ser peor que llevar a cabo el acuerdo firmado por el gobierno, pero resulta muy poco probable. Una mirada a las crisis financieras de las últimas dos décadas revela que Grecia ya ha sufrido más daño que cualquier otra. Aunque la economía griega podría empeorar después de un ‘Grexit’ (salida de Grecia de la eurozona), antes de mejorar, teniendo en cuenta lo que enfrentan los griegos en el marco del programa actual, el resultado final de una salida sería muy probablemente una recuperación más rápida. Algunos, entre ellos el presidente François Hollande de Francia, están presionando para lograr una mayor integración fiscal y política, con el fin de resolver el problema. Pero es muy poco probable que esto sea de gran ayuda, puesto que la política en la zona euro es la que presenta el problema más inmediato y urgente. Debe quedar claro que esta crisis no tiene que ver con dinero. El problema de la deuda griega podría haber sido resuelto en el año 2010, por una pequeña fracción del dinero que los acreedores ya han perdido. Aumentaron sus pérdidas enormemente al poner a Grecia a pasar por su larga depresión, y ahora están dispuestos a sacrificar aún más, con el fin de alcanzar sus objetivos políticos. ¿Cuáles son esos objetivos políticos? Para pruebas directas, se pueden consultar las miles de páginas generadas por las "consultas del Artículo IV" que los países de la UE sostienen regularmente con el FMI. Estas relatan una historia clara de lo que parece ser un consenso de élites, o al menos de una mayoría de éstas: durante los cuatro años que van del 2008 al 2011 (que incluyen la crisis financiera y la recesión mundial), se observa un patrón pronunciado de recomendaciones que abogan por el ajuste fiscal, los recortes, la reducción de las pensiones y del gasto en salud, el aumento de la oferta de trabajo y la reducción de la capacidad de negociación de la mano de obra, además de reducir el empleo público. Es a favor de esta visión que el Banco Central Europeo, a lo largo de 2011 y hasta septiembre de 2012, forzó varias veces a la zona euro al borde de un colapso financiero, con los mercados convencidos de que la existencia del euro en sí corría riesgo. Esta jugada de la gallina contribuyó en gran parte a los dos años más de recesión que sufrió la zona euro, luego de su recuperación inicial de la recesión de 2009. Fue apenas en julio de 2012, que el presidente del BCE, Mario Draghi, pronunció las tres palabras que pusieron fin a la crisis financiera, al declarar que el BCE haría "lo que sea necesario" para preservar el euro. Por supuesto Draghi y el BCE podrían hacer lo mismo para Grecia como lo que hicieron para Italia y España en el 2012, ambos países "deudores demasiado grandes para permitirles entrar en quiebra", cuyos rendimientos en sus bonos se estabilizaron inmediatamente como resultado de la declaración de Draghi, y comenzaron una disminución constante hacia niveles muy bajos, sin que el BCE siquiera tuviera que respaldar su afirmación con dinero. Pero más bien han elegido hacer lo contrario, con el propósito deliberado de causar una grave crisis en el sistema financiero griego, y empujarlo hacia una recesión aún más profunda. Mientras tanto, he aquí otro interés que ha estado presionando en silencio a las autoridades europeas de no forzar a Grecia a dejar la zona euro: el gobierno de Estados Unidos. En una reunión de la junta del FMI el 1 de julio, EE.UU. obligó la divulgación de un análisis del FMI mostrando que la deuda de Grecia era insostenible. Quizás haya ayudado a Syriza a ganar un "no" abrumador en el referéndum del 5 de julio, puesto que el gobierno griego lo citó para demostrar que sus demandas de alivio de la deuda eran razonables. Fue una ruptura de protocolo en el FMI: Washington acostumbra acceder a los deseos europeos con respecto a un tema tan importante para Europa. También fue un tiro de advertencia, dirigido a los partidarios de la línea dura, sobre todo entre los alemanes, para hacer constar que el gobierno de Estados Unidos tiene sus propios intereses en no romper la zona euro, y utilizará su poder cuando sea necesario y posible, a modo de evitar dicho escenario. A Washington no le preocupa el proyecto de una nueva Europa más neoliberal, pero sí le preocupa profundamente la integridad de su aliado más importante – Europa – y cuenta con una larga y sórdida historia de intervención en Grecia, con el fin de mantener a ese país dentro de su órbita. Pero puede que incluso la mano pesada de Washington no sea suficiente para mantener a Grecia dentro del euro, en vista de las imposibles exigencias de las autoridades europeas. Incluso un alivio de la deuda, en caso de que los alemanes estuvieran dispuestos a concederlo, sería casi sin duda demasiado poco, demasiado tarde, como para permitir una recuperación de la economía griega en un futuro próximo. Sin una recuperación económica, el acuerdo puede muy bien colapsar. Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington, D.C. y presidente de Just Foreign Policy. Es además autor del libro de próxima aparición Errados: en qué se equivocaron los “expertos” acerca de la economía global (Oxford University Press, 2015).

Mark Weisbrot / 03 Agosto 2015

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